Tengo que confesar que este espacio ha cambiado mi manera de ver a la ciudad de Caracas, a sus habitantes y, definitivamente, ha cambiado mi actitud ante las situaciones que vale la pena comentar en las que me veo envuelto en el día a día. Y simplemente es así porque desde que decidí llevar este blog, todos los días me encuentro al acecho de una nueva experiencia anecdótica que pueda traer como relato a este espacio. Pues bien, el día viernes, después de haberme desesperado un poco porque no había conseguido nada acerca de qué escribir ocurrió el tan esperado evento.
Por circunstancias que no vienen al caso en este blog, el día viernes tuve que entrar a una mercería... Si... Una mercería. Deben ustedes, mujeres lectoras de este blog, saber que enviar a un hombre a la mercería es similar a enviar a la abuela de uno a comprar una tarjeta madre para una computadora. Uno, sinceramente, no tiene ni la menor idea de como se llama NADA de lo que está en la tienda, y en verdad es bastante desagradable pasar por ignorante. Además que la vendedora normalmente lo mira a uno de arriba a abajo, con cara de desprecio infinito, como queriendo decir: "Aquí no vendemos ni whiskey, ni cigarros, ni barajitas del albúm del mundial". Pero este no es el punto del relato, sino una pequeña cuña para que tengan consideración y paciencia con los hombres enviados a mercerías o locales del mismo ramo.
Retomando el cuento, cuando llego al local en cuestión me encuentro con que está cerrado, a pesar de ser una hora en la que las tiendas deben estar abiertas en un centro comercial. Y no estoy hablando de que faltaban 10 minutos para las 8 y cerraron temprano, sino de las 4 y 30 de la tarde. Como lo que iba a comprar debía hacerlo sin falta, pues tenía cierto carácter de urgencia, decidí esperar unos minutos para ver si aparecía la persona encargada de la tienda, puesto que las luces de adentro estaban encedidas, por lo que asumí que podía estar en el baño.
Al cabo de unos 6 o 7 minutos aparecieron 2 personas, que con llave en mano, procedieron a abrir la pequeña tienda. No venían precisamente del baño, pues cargaban una bolsa de una tienda de ropa. En ese momento pensé: "¿Por qué tenían que ir las dos a comprar la cosa?, ¿No se supone que deben estar trabajando?". No seguí cavilando al respecto y entré en la tienda. Las dos señoras me miraron con la respectiva cara descrita arriba, pero igual pregunté si tenían el elemento que me habían mandado a comprar, que no era más nada que simple mecatillo. Me responde:
"Si tengo, pero negro"
Quedé algo sorpendido, pues pensé que el mecatillo venía solo en el color tradicional que TODA la vida ha tenido el mecate. La señora me muestra un carrete de un hilo negro bastante finito que, según yo, no es mecatillo, pero como uno se siente tan ignorante al respecto, y a lo mejor es el nuevo mecatillo bolivariano, o mecatillo francés o quien sabe qué cosas no quise discutir con la vendedora.
Le dije que eso no me servía, que necesitaba algo más parecido a una cuerda de vaquero. Me enseñó una cinta de papel, que me pareció que no era más que una bolsa de pan enrollada, pero que podía servir para lo que yo estaba buscando y le pregunté el precio.
"3,5 Bs el metro"
Me pareció carísimo pagar esa cantidad por una bolsa de pan enrollada, pero esta vez tampoco hice ningún comentario. Pedí 1 metro para llevarlo como muestra a la persona que me hizo el encargo, y si daba su aprobación, podía volver a comprar más de ser necesario.
Al momento de pagar llegó el acontecimiento cumbre que me hizo disfrutar al máximo de este episodio. Saco del bolsillo un billete de 50 Bs para pagar los citados 3,5 Bs. La señora de la caja me miró como si hubiera sacado algo muy viscoso, asqueroso y maloliente del bolsillo. Con cara de horror me dice:
"¿No tiene más sencillo?"
Le digo que lamentablemente no tengo absolutamente más nada que ese billete. Me mira con cara de que me está haciendo un favor y me dice:
"Yo tampoco tengo sencillo"
En ese momento la situación me empieza a parecer graciosa y opto por quedarme en silencio esperando que será lo siguiente que hará la vendedora estrella.
Deja de prestarme atención unos 5 minutos mientras le cobra a otra clienta, y luego de hacerlo se voltea y me dice:
"No tengo sencillo mi amor. ¿Cómo hacemos?"
En ese punto tengo que hacer grandes esfuerzos para ocultar lo divertida que me parece la situación. Así que apelando a mis cualidades histriónicas pongo mi mejor cara y tono de voz de inocencia y le digo:
"No sé"
Una vez más vuelvo a recibir mirada de desprecio absoluto, para que acto seguido, la señora se volteara a plantearle a su compañera la "complicada" situación que tenía entre sus manos.
Después de unos dos minutos más, en los que me quedo en absoluto y respetuoso silencio, sólo observando a la "amable" señora, cosa que me parece que la hizo terminar de perder su poca paciencia, decidió abrir su caja registradora y sacar de la misma el vuelto. Dos billetes de 20 Bs, un billete de 5 y 3 monedas de 0,5 Bs.
Finalmente al entregarme el vuelto me dice, supongo que para tratar de hacerme sentir culpable:
"Me estás dejando sin sencillo"
Estuve tentado de decirle algunas cosas respecto a su observación, todas indicando lo poco que me importaba el asunto. Sin embargo no cedí y me retiré del local con mi bolsa de compra.
Ahora me pregunto yo, si soy el cliente del local comercial, y a la señora, asumo yo, le interesa vender mercancia en su tienda, ¿Por qué entonces me pregunta a mí cómo hacemos?. ¿Qué sé yo? ¿No se supone que yo soy el cliente? ¿Entonces por qué se supone que debo yo resolverle el problema a ella?
Definitivamente no puedo decir que fue grosera ni maleducada, pero tampoco puedo decir que estuviera muy interesada en realizar la venta. ¿Quién sabe? Si yo hubiera estado comprando mercancia por valor de 53 mil quinientos bolívares y le pagaba con dos billetes de 50, quizá si se habría visto algo más motivada a darme el vuelto sin ninguna queja.
Definitivamente no puedo decir que fue grosera ni maleducada, pero tampoco puedo decir que estuviera muy interesada en realizar la venta. ¿Quién sabe? Si yo hubiera estado comprando mercancia por valor de 53 mil quinientos bolívares y le pagaba con dos billetes de 50, quizá si se habría visto algo más motivada a darme el vuelto sin ninguna queja.
No puedo generalizar ni decir que en todos los locales comerciales de Caracas dan un mal servicio, porque ese mismo día fui a comprar dos bultos de harina en un supermercado en el Cafetal y me atendieron de manera excelente, amable y diligente. Quizá la señora de la mercería tenga una cartera de clientes exageradamente abultada que compran al mayor y puede darse el lujo de despreciar ventas pequeñas, cosa que respeto pero que definitivamente no comparto, y me enseñó que hay formas muy sencillas de patear a un cliente fuera de su tienda, a la que probablemente no acuda más.

Bolsa de pan amarrada xDDD
ResponderEliminarBTW, si quieres, usa un botoncillo en la edición de la entrada (parece una hoja de papel rota) para que no te salga toda la entrada de one en la pág ppal. Es una suerte de ¨continuará¨. Y cuando aprietas la entrada es cuando sale el testamento ;).
Hope u like it