viernes, 4 de junio de 2010

Patean-do en Zig Zag

Inicio esta nota con un sentimiento de compasión y de pura lástima. Y estas emociones vienen dadas por mis observaciones al respecto de las pobres almas desorientadas de los caraqueños.

¿Desorientadas por qué? Bueno, porque los pobres conductores, haciendo un énfasis especial en los que conducen taxis y autobuses, no parecen nunca saber hacia donde se dirigen. Esta es la única razón que se me ocurre para explicar el por qué los caraqueños manejan como si estuvieran haciendo zig zag entre canales.

No sé si la tendencia de cambiarse de canales es algo inherente a la naturaleza humana, pues he visto personas que también se cambian de fila en la cola para comprar las cotufas en el cine, o para pagar en el supermercado. El problema al estar conduciendo viene dado cuando la persona decide cambiar de canal sin fijarse si dicho canal ya está ocupado. Si esto ocurre (normalmente es así), vienen los inevitables cornetazos, mentadas de madre, peleas callejeras y rayas en parachoques, puertas o incluso choques de los que llaman estúpidos que tienen un costo directo de unos cuantos cientos de bolívares, pero cuyos costos indirectos son absolutamente incalculables, pues producen retrasos en las principales vías de la ciudad de unas cuantas horas para miles de personas.

La técnica empleada por los choferes de autobús es la que vulgarmente conocemos como "Lanzar el autobús" al carro que venga circulando a su lado. Si uno está pendiente sencillamente clava los frenos, toca corneta, murmura o grita según su estado de ánimo, y termina "otorgando" el derecho a vía. En lo personal ya estoy tan acostumbrado al asunto que el proceso de frenado ya carece del resto de los elementos. Todavía yo no he logrado descifrar si para un autobusero es un honor que los demás carros le toquen corneta, o tiene un contador de cornetazos que le da dinero por cada uno que reciba o sencillamente ese es su papel higiénico.

La práctica de este hábito se ha visto un poco mermada en las autopistas por cortesía de los motorizados, que se trasladan por su vía rápida exclusiva, y que si llegan a ver a alguien pisando su sagrado territorio de circulación tocan su corneta, te golpean el retrovisor o incluso hasta te golpean el vidrio del carro, y de verdad una de las cosas que más atemoriza en la actualidad es que se baje un bicho de esos a darte de golpes con el casco en el capó o en el parabrisas del carro. Sin embargo si es muy temprano y la autopista está despejada los conductores aprovechan la libertad existente y circulan haciendo bonitos actos de acrobacias tales como cambiarse del canal lento al rápido de un solo volantazo sin pisar el freno (lo que mi amigo Enrique llamaba "Hacer un Olímpico") y cosas por el estilo. Imagino que la experiencia debe ser más gratificante si se tiene un camión de ocho ejes.

Otro de los cambios de canal a resaltar definitivamente es el cambio para "comerse la cola". Cada vez que lo veo no puedo evitar reírme de lo bruto que es el conductor que lo hace, y pido perdón si ofendo a alguien, pero es que es el adjetivo que mejor le corresponde sin caer en lo vulgar.

Este tipo de cambios los veo con muchísima frecuencia en la carretera Panamericana, cuando hay muchísima cola y en la autopista Valle Coche. El protagonista decide cambiarse de canal violentamente a una parte donde la vía es más ancha, tipo un refugio, un mirador o cualquier pedazo que vaya fuera de la vía, de modo que logra adelantar unos 20 o 30 carros para incorporarse de nuevo a la cola en el canal regular. En momentos de ocio en las colas cuando veo estos episodios no puedo evitar preguntarme: ¿Será orgásmico?, Ajá guevón y ahora ¿qué vas a hacer con los 3000 carros que te quedan por delante?, ¿Este gafo se dará cuenta de que está trancando más la vaina?.

El martes pasado llegué al máximo de mi regocijo cuando me encontraba en una cola bastante fuerte en la autopista Valle Coche a la altura de la bomba del Fuerte Tiuna, que es uno de los sitios por excelencia que aprovechan los "comecolas". Veo a una cantidad de personajes de estos entrando a la bomba para adelantar un poco, cuando de pronto me doy cuenta que vienen vehículos retrocediendo por dicha entrada. En un primer momento fui bastante estúpido como para pensar que alguien se había arrepentido de lo que estaba haciendo, hasta que me di cuenta de que el éxodo en retroceso era masivo. Al adelantar un poco más pude ver como un soldadito, con un fusil más grande que él, cuidaba una cantidad de conos que cerraban el paso a los coleones. Solo se podía salir de la bomba si se había echado gasolina. Por cierto tengo que destacar que el amigo soldado no dejó pasar a nadie y mandó a regresar a todo el mundo de manera contundente y sin derecho a réplica. Me sentí satisfecho. Creo que era una especie de cura a la impotencia que da ver a estos individuos hacer lo que no deben, y una sensación de venganza cumplida se depertó en mi interior.

Mis ganas de aplaudir se desvanecieron casi instantáneamente cuando por mi mente cruzó el pensamiento de que no es posible que a la gente tengan que ponerle una ametralladora en la cara para que cumpla con sus deberes ciudadanos y tengan un poco de consideración por el prójimo al que se encargan de patear a diario, bien sea en zig zag o derechito y por todo el medio.

viernes, 21 de mayo de 2010

Patean-do en Aerosmith

Luego de casi 2 años de espera, finalmente el público de Caracas tuvo la oportunidad de presenciar el espectáculo de una de las bandas norteamericanas de mayor trayectoria y proyección a nivel mundial.

El concierto, al que tuve la fortuna de ir, se realizó el lunes (sí, leáse bien, LUNES, comienzo de semana, día laboral, etc, etc) 17 de mayo en el espacio del estacionamiento del Poliedro de Caracas. Si leemos la prensa y los comunicados de la empresa organizadora, podrán informarse respecto a que el espectáculo fue excelente, con un tremendo juego de luces y una banda que, a pesar de las edades de sus integrantes, puso todo su empeño y energía para que el público disfrutara de un excelente show, que se caracterizó por pasearse por sus grandes éxitos de siempre.

Sin embargo, esta entrada no está aquí para hablar respecto a todo eso, sino para contar las cosas que pude presenciar ese día y que no van a poder encontrar en ningún otro lado.

Para empezar tengo que decirles que la tarde del lunes amenazaba con lluvia. Llegué en Metro hasta la estación "La Rinconada" para ir a hacer la cola de entrada, aproximadamente a las 4 y 30 de la tarde. Llevaba ya unos 10 minutos caminando hacia el final de la cola, y podía ver como había muchos efectivos de la policía (todos sabemos de cual) vigilando el orden en la cola o que se yo qué. También me llamó la atención que pasaban algunas personas que no tenían ninguna identificación de la empresa organizadora del evento y que, a todo pulmón, ofrecían el siguiente servicio:

"Dame 20 y te paso sin hacel la cola"

No entendía que clase de servicio especial era este, pero por lo visto estaba siendo solicitado por muchas personas, porque habían varios señores que lo ofrecían. El misterio quedó aclarado al rato.

Después de que me incorporé a la fila junto a unos amigos que estaban allí más temprano (es decir, me coleé) y caminar de nuevo unos 10 o 15 minutos haciendo la fila para entrar pudimos observar como, casi en la entrada donde se hacía el primer chequeo de boletos, se trataba de incorporar un nutrido grupo de personas. Al ver esta situación, las personas que andaban conmigo manifestaron su desaprobación al respecto, a lo que la persona que encabezaba el grupo que iba a colearse les dijo que hablaran con la policía.

Al acercarse a la policía, el oficial les dijo varias cosas que no alcancé a escuchar, pero que dejaban bien claro que no iba a aceptar reclamos y que esas personas se estaban incorporando en la fila porque él había dado su aprobación. Acto seguido todos los presentes pudimos observar como iba llegando otro grupo de personas dirigidas por uno de los señores que ofrecía el servicio de "A 20 y te pongo de primero" que se colocaron a un lado de la fila esperando que dicho oficial de policía les diera la oportunidad de incorporarse. Misterio resuelto.

Después de chapotear el resto de la cola sobre una cantidad importante de agua y barro, indicativo de que la amenaza de lluvia se había hecho realidad más temprano en la zona del Poliedro, llegamos al punto de control. Pasamos sin contratiempos, y debo decir que salvo el episodio de destruir nuestros zapatos, esa parte fue bastante rápida y bien organizada. Había varias personas debidamente identificadas con camisas de la empresa organizadora que iban dando instrucciones precisas en voz alta. Lo de los zapatos se pudo evitar si hubieran rodado las rejas de control 50 cms hacia la calle, pero era como demasiado pedir.

Nada más al ingresar me di cuenta de que la buena organización terminaba justo en la entrada. Y digo esto porque tuve que dirigir mi mirada hacia arriba para poder ver la tarima... Así mismo. La tarima estaba en la cima de una pequeña pendiente. Es decir, al revés de como debería estar en cualquier concierto, en donde la tarima debe estar al final de una bajada, para que las personas que van en la parte de atrás puedan ver.

No había tanta gente aún así que avanzamos con facilidad para encontrarnos con que en todo el medio del espacio habilitado para la población con entrada general estaba una gran torre, que asumo contenía las consolas y todos los equipos para controlar las luces, además de las cámaras para poder proyectar el concierto en unas pequeñas pantallas que había a los lados de la tarima.

Después de decidir que colocándonos hacia la derecha íbamos a tener mayor oportunidad de poder ver el concierto nos sentamos en el piso a esperar a que llegara la hora de inicio. Teníamos quizá unos 45 minutos sentados hablando acerca del repertorio que podría tocar la banda y de lo elevado del precio de las cosas dentro del recinto cuando pasó un señor con cara de que estaba haciendo algo malo ofreciendo sus servicios:

"200 y te paso pa VI AI PI"

La oferta era tentadora, pues la diferencia entre el precio de la entrada que yo tenía y la VIP era de 1350 Bs. Sin embargo me pareció demasiado sospechoso el asunto y probablemente había fraude en la oferta del tipo. Unas 8 personas que estaban cerca de nosotros aceptaron la oferta y se fueron con el individuo.

Rato después, cuando empezó a llegar más gente nos dimos cuenta de que el punto elegido inicialmente no era tan bueno como pensábamos, así que decidimos buscar otra localidad desde donde pudiera verse la tarima sin problemas. Nos desplazamos al lado izquierdo del recinto, más o menos a la misma distancia en que estábamos del lado derecho. Al llegar allí comenzó a tocar la banda nacional, y nos pudimos dar cuenta de que efectivamente no íbamos a poder ver nada del concierto si nos quedábamos en ese punto. Decidimos entonces irnos hacia atrás, y para nuestra fortuna conseguimos un punto pegado a la reja que delimita el área del estacionamiento con una montaña, la cual tenía un pequeño muro en el que pudieron subirse las muchachas a ver el show sin que nadie les obstaculizara la visión. La única desventaja del punto es que estábamos colocados justo delante de unas inmensas parrilleras que estuvieron encendidas todo el concierto, y que nos hicieron estar pendientes todo el tiempo de no quemarnos.

Dio comienzo el concierto, y la euforia de la gente ahogaba el sonido de la voz de Steven Tyler. Al bajar el escándalo inicial del público nos pudimos dar cuenta de que con escándalo o no, el sonido era muy bajo. Tan bajo que si me atrevía a cantar mi propia voz me tapaba el sonido del concierto.

Había pasado poco más de una hora de concierto cuando se aproximó un individuo y le pregunta a una de las muchachas que estaba en mi grupo que si podía orinar a través de la reja hacia la montaña en el sitio donde ella se encontraba parada.

Me quedé en silencio 1 segundo tratando de procesar lo que estaba diciendo el tipo, cuando reaccioné para decirle que ni se le ocurriera.

La reacción del individuo fue insistir e insistir. Me dijo que no podía pasar hacia los baños, que tenía muchas ganas de hacer pipí, que no quería echarme a perder la noche y un poco de idioteces más. Por supuesto que al cruzar la tercera palabra me di cuenta de que el tipejo tenía una cantidad de alcohol en su organismo bastante considerable y que me iba a perder todo el concierto discutiendo con él. Cedí con los dientes apretados y de inmediato se incorporó al improvisado "baño" otro compañero de él. Estuvieron bastante tiempo, no conté cuanto, pero suficiente como para que el grupo tocara una canción completa. Cuando se alejaron del sitio, examiné el lugar a ver si lo habían demarcado, y al no ver rastros de sus líquidos fisiológicos, las chicas volvieron a su lugar en el muro. Bastó que se hubieran subido de nuevo allí para que otro individuo se acercara con cara de que iba a pedirme lo mismo. Lo detuve antes de que empezara a hablar con un contudente:

"Pana. Ni si te ocurra"

De inmediato dio media vuelta y se alejó de allí. El concierto terminó sin mayores acontencimientos, así que nos dirigimos en grupo hacia la salida del lugar.

Afuera había muchos vendedores y muchas personas caminando para salir a buscar sus vehículos o para salir del mismo Poliedro hacia la autopista a pie. En el camino pude observar como mi ciudad es el único lugar en el que puede producirse una cola de carros, de motos y de peatones en la misma vía al mismo tiempo. Si hubiera tenido cámara, o si no hubiera tenido miedo de que me robaran, habría tomado una foto del acontecimiento. Tiempo caminando para salir: casi una hora. Supongo que las personas que salieron con sus vehículos tardaron el doble que yo.

Pateadores que se llevan los premios en este evento: La empresa que organizó el concierto, por encargarse de patear la dignidad de los asistentes ofreciendo un servicio de pésima calidad y cobrando por ello precios exagerados. Los policías que contribuyeron una vez más con sus sabrosos guisos a hacer que todo fuera un caos, en vez de hacer su trabajo, pues sé de gente que fue asaltada a la salida, y por supuesto una mención de honor al pana que no pudo llegar a los baños. Al próximo concierto voy en VIP para que me pateen como persona importante.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Patean-do hilachas

Tengo que confesar que este espacio ha cambiado mi manera de ver a la ciudad de Caracas, a sus habitantes y, definitivamente, ha cambiado mi actitud ante las situaciones que vale la pena comentar en las que me veo envuelto en el día a día. Y simplemente es así porque desde que decidí llevar este blog, todos los días me encuentro al acecho de una nueva experiencia anecdótica que pueda traer como relato a este espacio. Pues bien, el día viernes, después de haberme desesperado un poco porque no había conseguido nada acerca de qué escribir ocurrió el tan esperado evento.

Por circunstancias que no vienen al caso en este blog, el día viernes tuve que entrar a una mercería... Si... Una mercería. Deben ustedes, mujeres lectoras de este blog, saber que enviar a un hombre a la mercería es similar a enviar a la abuela de uno a comprar una tarjeta madre para una computadora. Uno, sinceramente, no tiene ni la menor idea de como se llama NADA de lo que está en la tienda, y en verdad es bastante desagradable pasar por ignorante. Además que la vendedora normalmente lo mira a uno de arriba a abajo, con cara de desprecio infinito, como queriendo decir: "Aquí no vendemos ni whiskey, ni cigarros, ni barajitas del albúm del mundial". Pero este no es el punto del relato, sino una pequeña cuña para que tengan consideración y paciencia con los hombres enviados a mercerías o locales del mismo ramo.

Retomando el cuento, cuando llego al local en cuestión me encuentro con que está cerrado, a pesar de ser una hora en la que las tiendas deben estar abiertas en un centro comercial. Y no estoy hablando de que faltaban 10 minutos para las 8 y cerraron temprano, sino de las 4 y 30 de la tarde. Como lo que iba a comprar debía hacerlo sin falta, pues tenía cierto carácter de urgencia, decidí esperar unos minutos para ver si aparecía la persona encargada de la tienda, puesto que las luces de adentro estaban encedidas, por lo que asumí que podía estar en el baño.

Al cabo de unos 6 o 7 minutos aparecieron 2 personas, que con llave en mano, procedieron a abrir la pequeña tienda. No venían precisamente del baño, pues cargaban una bolsa de una tienda de ropa. En ese momento pensé: "¿Por qué tenían que ir las dos a comprar la cosa?, ¿No se supone que deben estar trabajando?". No seguí cavilando al respecto y entré en la tienda. Las dos señoras me miraron con la respectiva cara descrita arriba, pero igual pregunté si tenían el elemento que me habían mandado a comprar, que no era más nada que simple mecatillo. Me responde:

"Si tengo, pero negro"

Quedé algo sorpendido, pues pensé que el mecatillo venía solo en el color tradicional que TODA la vida ha tenido el mecate. La señora me muestra un carrete de un hilo negro bastante finito que, según yo, no es mecatillo, pero como uno se siente tan ignorante al respecto, y a lo mejor es el nuevo mecatillo bolivariano, o mecatillo francés o quien sabe qué cosas no quise discutir con la vendedora.

Le dije que eso no me servía, que necesitaba algo más parecido a una cuerda de vaquero. Me enseñó una cinta de papel, que me pareció que no era más que una bolsa de pan enrollada, pero que podía servir para lo que yo estaba buscando y le pregunté el precio.

"3,5 Bs el metro"

Me pareció carísimo pagar esa cantidad por una bolsa de pan enrollada, pero esta vez tampoco hice ningún comentario. Pedí 1 metro para llevarlo como muestra a la persona que me hizo el encargo, y si daba su aprobación, podía volver a comprar más de ser necesario.

Al momento de pagar llegó el acontecimiento cumbre que me hizo disfrutar al máximo de este episodio. Saco del bolsillo un billete de 50 Bs para pagar los citados 3,5 Bs. La señora de la caja me miró como si hubiera sacado algo muy viscoso, asqueroso y maloliente del bolsillo. Con cara de horror me dice:

"¿No tiene más sencillo?"

Le digo que lamentablemente no tengo absolutamente más nada que ese billete. Me mira con cara de que me está haciendo un favor y me dice:

"Yo tampoco tengo sencillo"

En ese momento la situación me empieza a parecer graciosa y opto por quedarme en silencio esperando que será lo siguiente que hará la vendedora estrella.

Deja de prestarme atención unos 5 minutos mientras le cobra a otra clienta, y luego de hacerlo se voltea y me dice:

"No tengo sencillo mi amor. ¿Cómo hacemos?"

En ese punto tengo que hacer grandes esfuerzos para ocultar lo divertida que me parece la situación. Así que apelando a mis cualidades histriónicas pongo mi mejor cara y tono de voz de inocencia y le digo:

"No sé"

Una vez más vuelvo a recibir mirada de desprecio absoluto, para que acto seguido, la señora se volteara a plantearle a su compañera la "complicada" situación que tenía entre sus manos.

Después de unos dos minutos más, en los que me quedo en absoluto y respetuoso silencio, sólo observando a la "amable" señora, cosa que me parece que la hizo terminar de perder su poca paciencia, decidió abrir su caja registradora y sacar de la misma el vuelto. Dos billetes de 20 Bs, un billete de 5 y 3 monedas de 0,5 Bs.

Finalmente al entregarme el vuelto me dice, supongo que para tratar de hacerme sentir culpable:

"Me estás dejando sin sencillo"

Estuve tentado de decirle algunas cosas respecto a su observación, todas indicando lo poco que me importaba el asunto. Sin embargo no cedí y me retiré del local con mi bolsa de compra.

Ahora me pregunto yo, si soy el cliente del local comercial, y a la señora, asumo yo, le interesa vender mercancia en su tienda, ¿Por qué entonces me pregunta a mí cómo hacemos?. ¿Qué sé yo? ¿No se supone que yo soy el cliente? ¿Entonces por qué se supone que debo yo resolverle el problema a ella?

Definitivamente no puedo decir que fue grosera ni maleducada, pero tampoco puedo decir que estuviera muy interesada en realizar la venta. ¿Quién sabe? Si yo hubiera estado comprando mercancia por valor de 53 mil quinientos bolívares y le pagaba con dos billetes de 50, quizá si se habría visto algo más motivada a darme el vuelto sin ninguna queja.

No puedo generalizar ni decir que en todos los locales comerciales de Caracas dan un mal servicio, porque ese mismo día fui a comprar dos bultos de harina en un supermercado en el Cafetal y me atendieron de manera excelente, amable y diligente. Quizá la señora de la mercería tenga una cartera de clientes exageradamente abultada que compran al mayor y puede darse el lujo de despreciar ventas pequeñas, cosa que respeto pero que definitivamente no comparto, y me enseñó que hay formas muy sencillas de patear a un cliente fuera de su tienda, a la que probablemente no acuda más.

martes, 11 de mayo de 2010

UTIMEC

Ultimate Test Imprescindible para ser Motorizado En Caracas


Aquí les dejo el examen para obtener la licencia de motorizado en Caracas.

http://www.quizyourfriends.com/take-quiz.php?id=1005111240554209&a=1

lunes, 10 de mayo de 2010

Patedor-es Preferenciales

Hace un tiempo que tengo esta inquietud, y me gustaría compartirla acá para saber si mi postura personal está errada. Dicha inquietud se refiere a la atribución que he podido observar que se han tomado algunas personas al momento de hacer una cola, sobretodo en las instalaciones del Metro de Caracas, bien sea para el servicio de trenes o para el de Metrobús.

Los días que no dispongo de carro particular para ir a mi trabajo utilizo los servicios del Metro y Metrobús para desplazarme de manera relativamente cómoda y rápida. Uno de los días en los que estaba haciendo la fila para abordar el metrobús pude observar la siguiente situación:

Tenía por delante de mí aproximadamente unas 30 personas, margen más que cómodo para abordar el vehículo e incluso viajar sentado. El metrobús tenía un poco de retraso y la fila que había detrás de mí era bastante larga. Diría sin exagerar que podía haber más de 100 personas esperando pacientemente para poder abordar la unidad, una vez que llegara.

Al llegar el citado transporte la cola en la parte de adelante, es decir justo en el comienzo, adquirió aproximadamente un ancho de 4 veces su tamaño original. Los protagonistas del "coleo" eran una inmensa cantidad de "viejitos" que aparecieron de la nada y que nunca estuvieron haciendo fila. De tener unas 30 personas aproximadamente por delante pasé a tener unas 45 o 50. Definitivamente no iba a dejar de abordar la unidad, pero tuve que despedirme de la posibilidad inicial de ir sentado.

En ese momento volteé hacia atrás y me di cuenta de que había muchas personas que no iban a poder irse en este metrobús, y probablemente iban a llegar bastante tarde a sus respectivos empleos a pesar de que llegaron a una hora decente a hacer la cola. Y surgió la pregunta en mi mente: ¿El trato prioritario para la 3era edad implica que puedan saltarse la fila de esa manera?

No quiero herir susceptibilidades con este artículo, pues considero que definitivamente las personas con discapacidad, las mujeres embarazadas y las personas de la 3era edad deben tener un trato preferencial, y yo soy el primero que da el puesto en un vagón de metro o en un autobús a cualquiera de las personas que así lo necesite. Sin embargo me pregunto: ¿Hasta dónde llega este derecho de atención preferencial?

En la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela Número 39.002 con fecha 26 de agosto de 2.008 se publica una resolución que dicta que la Superintendencia de Bancos y otras Instituciones Financieras debe otorgar tratamiento especial a personas discapacitadas, de tercera edad y mujeres embarazadas, bajo los términos indicados.

Para las personas interesadas en leer dicha resolución aquí tienen el enlace donde yo la conseguí:


Esta es la única normativa que pude conseguir en la red respecto al punto del trato preferencial de usuarios y es respecto a las agencias bancarias. No pude encontrar nada respecto a colas para transporte público.

Les aseguro que si ese día no me hubiera podido montar en el metrobús mi indignación habría sido bastante grande, pues si yo llegué temprano a hacer mi cola, nadie, absolutamente nadie, aunque tenga 65, 80 o 300 años tiene derecho a pasar antes que yo, y mucho menos hacerme llegar tarde a mi trabajo. Además existen asientos preferenciales en el metrobús para uso exlcusivo de las personas que lo requieran, y normalmente cuando el asiento no es cedido por algún usuario necio, la gente reclama o el mismo chofer le indica a la persona que debe ceder el puesto, así que no veo el punto de tener que montarse de primeros.

Además, ¿Hacia dónde se dirige una señora de 70 años o más a las 6 y 30 de la mañana? ¿Va muy temprano a su trabajo? ¿O tiene que llegar de primera a la cola de atención prioritaria del banco? De verdad estuve todo el viaje intentando imaginarme hacia donde se dirigían todas esas personas a una hora en la que la mayoría de la gente está acudiendo a sus sitios de trabajo, y según mi observación aproximadamente un 85 o 90% de los que se colearon se bajaron en zonas residenciales, lejos de cualquier comercio, oficina, gimnasio, hospital o clínica. La única posibilidad que se me ocurre es que tienen que llegar temprano a casa de sus hijos para cuidar a los nietos, y así dichos padres puedan irse al trabajo. Pero tampoco me cuadra mucho, ni ese día ni ahora que lo vuelvo a pensar.

Ocurre lo mismo con el boleto preferencial en el Metro. La persona de la 3era edad presenta su cédula en la taquilla y está exonerada del costo del ticket, pero esto no quiere decir que no pueda hacer su cola, a menos claro que sea una persona que no puede estar mucho tiempo de pie. Pero yo he visto a más de uno de esos "viejitos" atropellar con bastante contundencia a la gente para poder obtener su boleto prioritario sin hacer la respectiva cola.

Quizá hoy con esta entrada me estoy saliendo un poco de la línea del blog, pues debería haberla terminado hace bastante rato tan sólo con el relato del episodio de la cola, pero este tema me intriga particularmente, pues no sé si soy una persona de mal corazón y poco comprensivo con las personas mayores, o definitivamente tengo razón, y a pesar de que se merecen el derecho de tener un trato preferencial, este derecho termina una vez que ellos mismo comienzan a atropellar los derechos de los demás.

Espero sus comentarios al respecto, y si alguien de la 3era edad llega a leer esta entrada espero que me disculpe si de alguna manera se sintió ofendido.

Pateando sin gasolina

Hola a todos. Primero disculpen por estar fuera de circulación tantos días. Esta entrada debería estar en un blog con un nombre como "Patean-do Venezuela" o "Patean-do el interior" (Que original ¿no?) pero me voy a permitir colocarla aquí para evitar poblar el internet de blogs con mi firma de autor.

Este relato tiene que ver con un evento que me ocurrió por dos días de  manera consecutiva, y fue nada menos que llegar con retraso a mi trabajo. Para los que me conocen, y para los que no también, mi empleo actual es como profesor de Informática en un colegio en Caracas, por lo que la puntualidad es sumamente importante.

La llegada tarde a mi trabajo el día martes de la semana pasada tiene que ver con el evento de siempre: encontrarse una cola increíblemente inoportuna y por supuesto absolutamente inesperada. No voy a ahondar mucho al respecto, pues es lo que nos ocurre o nos ha ocurrido probablemente al 99% de los caraqueños que no circulan en moto por nuestra ciudad.

En verdad el motivo de esta entrada es el de relatar un episodio mucho más interesante y que fue la causa de mi llegada tarde el día anterior, es decir, el lunes de la semana pasada. Para esto tengo que decirles, a pesar de la envidia que pueda sucitar en mis lectores, que el fin de semana anterior al lunes en cuestión estuve en la playa, específicamente en la zona de Barlovento, cuya cercanía a Caracas y con la construcción de la nueva "autopista" permite un acceso relativamente cómodo y rápido.

El domingo en la noche, a eso de las 9, una vez recogidas las pertenencias personales y dar los últimos toques técnicos al apartamento donde me encontraba me dispuse a salir para Caracas muy feliz y confiado  en que no encontraría tráfico de regreso. El único detalle que podría empañar la perfección del plan era que debía poner gasolina, pues contaba con un poco menos de 1/4 de tanque, cantidad absolutamente insuficiente para llegar.

Al llegar a la primera bomba de gasolina, que se encuentra a 5 minutos de la urbanización donde me hospedé observo, con bastante alivio, los anuncios de neón encendidos y a un señor que parece ser parte del personal de dicho lugar, sentado con cara de que ha sido un domingo muy largo y de que nadie debería estar trabajando a esa hora. Estaciono el carro junto al surtidor de gasolina para proceder al llenado del tanque, cuando veo que el "bombero" me hace con la mano el típico gesto de NO.

Acerco el carro hasta donde se encuentra el individuo y le pregunto si la bomba está cerrada. Me dice que no, que la bomba está abierta. Mi confusión empieza a aumentar, y cuando le pregunto cuál es el inconveniente, me dice con una gran sonrisa de satisfacción:

"No hay gasolina, se acabó esta talde. Se vendió toda puéjj. Eche mañana."

Tras unos 3 segundos de sorpresa e incredulidad vuelvo a preguntar si no hay ni siquiera gasolina de 91 octanos. La respuesta vuelve a ser algo similar.

Al escribir esto me doy cuenta de lo estúpido que fui al hacer una tercera pregunta, pero en ese momento de desesperación y buscando la forma de saler del predicamento pregunté al señor donde podía conseguir gasolina.

"Nooooooo. En el Guapo."

La alternativa habría sido viable si hubiera tenido la certeza de que con la cantidad de gasolina que tenía me hubiera alcanzado para llegar hasta allá, y en segundo lugar si no hubiera sido la hora que era. Bajo esta perspectiva me decidí por la opción más prudente, que fue esperar hasta el día siguiente a que llegara la gasolina a la respectiva bomba. Mi plan consistía sencillamente en salir exageradamente temprano, pues calculé yo, que la gasolina debía llegar al menos a las 5 A.M y saliendo a esa hora, quizá no llegaría justo a tiempo a mi trabajo, pero definitivamente no llegaría tan tarde, y bajo las circunstancias en las que me encontraba ya era una solución satisfactoria.

Para terminar de hacer el cuento corto les diré que la gasolina llegó a las 8:00 de la mañana del lunes.

Hasta el momento no les he dicho que además de la importancia de llegar a tiempo a mi trabajo regularmente, ese lunes en particular debía dictar un taller a mis colegas profesores a las 10 de la mañana, por lo que la importancia de llegar a tiempo ese día era quizá mayor aún. Finalmente llegué a mi destino a las 10 y 30 de la mañana, puesto que algún ser supremo se apiadó de mi alma y permitió que no consiguiera el tráfico que esperaba consguir en el trayecto, y además con la suerte de que una de las charlas que había antes de mi taller se retrasó y mi taller pudo comenzar a las 11 en punto sin contratiempos.

Dejo esta nota hasta aquí, pues cualquier comentario adicional al respecto de la escasez de gasolina en un país petrolero, o la inseguridad de las carreteras, o lo sabroso que estaba el helado que me comí el domingo en la noche cuando no me pude regresar a Caracas podría interpretarse como una queja, y definitivamente no es el objetivo de este blog.

Saludos a todos.

lunes, 26 de abril de 2010

¿Analfabestias?

Esta entrada tiene que ver con un evento que pude presenciar el día sábado, y que debo reconocer que generó regocijo y satisfacción en mi persona.

Antes de que ocurriera este evento, ya había tenido la oportunidad de observar con frecuencia que normalmente la gente no comprende lo que está leyendo o no le apetece gastar su precioso tiempo y esfuerzo en leer alguna información cuando puede sencillamente preguntarle a alguien.

A eso del mediodía abordo un autobús en la redoma de San Antonio de los Altos con destino a Caracas. Al momento de pagar el pasaje mi vista se encontró con un par de carteles de considerable tamaño que decían:

"No hay parada en el Km 2 y 3"

"No hay parada en la autopista"

No cabía lugar a dudas para mí que el chofer se debe haber visto involucrado en algún desagradable incidente que lo obligó a colocar estos avisos para informar a sus pasajeros que en los puntos donde NO existe una parada de autobuses, el autobús no puede pararse a dejar o recoger pasajeros.

Poco a poco los pasajeros van llenando el vehículo, encontrándose como yo al subir, ambos carteles frente a sus rostros, para, una vez que todos los puestos están ocupados, ponerse en marcha rumbo a su destino.

En el Kilómetro 7, a la altura del IUT, el autobús hace una parada para recoger a algunos pasajeros. NAda más al abordar, el primero de ellos le pregunta al chofer si los puede dejar en el Kilómetro 2 de la Panamericana. El chofer se niega y señala el cartel que tiene pegado EN LA ENTRADA del bus, y que definitivamente todo el mundo debería haber leído al subirse.

Al recibir dicha negativa, el pasajero desciende del autobús, bastante molesto, y gritando cualquier cantidad de barbaridades respecto a que TODOS los autobuses SIEMPRE se detienen en el Kilómetro 2 y que el chofer es esto, aquello y algo más.

El trayecto continúa con normalidad, hasta que el autobús llega a la autopista Valle-Coche y pasa el puente del Fuerte Tiuna. En ese momento una pasajera decide aproximarse al chofer y le pregunta si puede dejarla descender en un punto más adelante, asumo que a la altura de Santa Mónica, en la autopista. El chofer se limita a seguir conduciendo en absoluto silencio, y sin siquiera mirar a la pasajera señala de la forma más despectiva que puede el cartel que dice NO HAY PARADA EN LA AUTOPISTA.

Cualquier podría pensar que con una respuesta de esa contundencia la pasajera volvería a su puesto, más no es así. La susodicha realiza un segundo intento, poniendo su voz más melosa y convincente, recibiendo una vez más la misma respuesta silenciosa del dedo señalando el cartel.

En este punto ya me encuentro riendo abiertamente desde mi puesto, pues no puedo concebir como alguien puede querer bajarse de manera tan desesperada en la autopista como para aguantar tal muestra de desprecio, cuando la muchacha realiza un tercer intento para que el chofer acceda a sus súplicas. Una vez más el chofer, supongo que ya cansado de la insistencia, señala con el dedo de manera contundente el cartel de NO HAY PARADA EN LA AUTOPISTA.

Resignada, la muchacha vuelve a su asiento, ante mi divertida mirada, quejándose de que el señor del autobús solo la puede dejar en la parada señalada para tal fin.

Al final de mi recorrido pude comprobar que las respuestas del señor no eran por cuestión de antipatía o de mala educación, pues al desearle buenas tardes al bajarme en una parada, el señor respondió de manera bastante amable. Por supuesto que imagino que éste señor no tendrá la menor idea de que hay una entrada en este blog sobre su admirable conducta que incentiva y motiva a nuestra querida población a practicar el sano hábito de la lectura, y mucho menos la satisfacción que me produjo su manera sobria y objetiva de responder ante cualquiera de las necias peticiones de los usuarios del transporte público, que el sábado me demostraron que hoy día se puede hasta patear la palabra escrita.

Una tarde con lluvia

Esta primera entrada es sumamente especial, en primer lugar porque es la primera, y en segundo lugar porque el episodio que narraré a continuación fue el que despertó en mí la inquietud de generar este espacio.

El día martes 20 de abril después de salir de mi trabajo aproveché la oportunidad de poder tomar un aventón hasta Plaza Venezuela, para posteriormente desde allí abordar un autobús que me llevaría hasta mi casa.

Al llegar a Plaza Venezuela a las 5 en punto de la tarde, la cola para tomar el bus que me correspondía pasaba de unas 120 personas según mis cálculos. Mi preocupación no era la cantidad de gente sino la amenaza de lluvia que traía el cada vez más gris cielo de Caracas.

Por supuesto que, como ya podrá adivinar el lector, cuando la lluvia comenzó yo me encontraba aún detrás de unas 60 o 70 personas en la fila que hacía. En ese momento, aprovechando lo oportuno del mercado informal local, adquirí un paraguas y con él pude cubrirme algo del aguacero, que era de intensidad moderadamente fuerte.

Hasta este momento, el relato parece ser el de cualquiera de las personas que se encontraba en esa cola, y justo en este punto es cuando empieza a diferenciarse.

Con menos de un minuto debajo de mi nuevo paraguas una señora que se encontraba detrás de mí en la fila, sin previa advertencia, sin dirigirme la palabra o siquiera mirada alguna se “acomodó” junto a mí debajo del paraguas.

Al percatarme de la situación, y probablemente ante mi expresión que debe haber sido una mezcla entre sorpresa, indignación e intriga la susodicha decidió concederme el honor de dirigirme la palabra para sencillamente decirme:

“Hay que aprovechá…”

No podría describir cuáles fueron los sentimientos que me inundaron la boca del estómago en ese instante, y por supuesto me limité a castigarla con un despectivo silencio.

Quizá la mala vibra que emanaba de mi persona o el hecho de que resbalaba mucha agua por el borde del paraguas suscitó que mi vecina abandonara su refugio para volver a ocupar su lugar en la fila para soportar estoicamente el aguacero.

La lluvia fuerte se mantuvo entre 10 y 12 minutos, tiempo por demás de sobra para generar suficiente caos en Plaza Venezuela y descomponer el tráfico de toda la ciudad. Cuando eran las 5 y 45 de la tarde, recibo una llamada que me resuelve el asunto del transporte hasta mi casa, mas sin embargo debo moverme de mi ubicación y trasladarme hasta la parada de autobuses que se encuentra en la autopista a la altura de Plaza Venezuela, en sentido centro.

Contemplar la autopista a esa hora de la tarde es una experiencia absolutamente nutritiva, pues deja en evidencia la inmensa creatividad del caraqueño al momento de “conducir” sus vehículos y también su espíritu deportivo, pues sin lugar a dudas muchos compiten en las categorías: “Quién infringe más leyes en un solo recorrido”, “Quién logra generar mayor cantidad de cola deteniéndose en la autopista” y por supuesto, el favorito de todos que es el famoso concurso “Demuestre que usted carece de sentido común”.

En el período de tiempo que estuve allí pude observar cómo a medida que las vías van colapsando los conductores comienzan a tornarse más intrépidos. La salida de la UCV hacia la autopista en sentido centro se convierte convenientemente en un acceso a Plaza Venezuela que no tiene cola. La parada de autobuses se muda al canal rápido de la autopista, pues a ninguno de los conductores al parecer le satisface estacionar su autobús dentro de ese espacio destinado a ello. Por supuesto, en el momento que tenga la oportunidad me trasladaré a cualquier otro punto de la ciudad, para poder observar que tipo de estragos realizan nuestros queridos ciudadanos en pro de seguir pateando el tráfico de la ciudad caraqueña.

viernes, 23 de abril de 2010

Bienvenidos

Saludos a todos:

Les doy la bienvenida a este espacio en el cual escribiré acerca de las distintas situaciones que tengo la oportunidad de observar en mi día a día en la ciudad en la que tengo la oportunidad de desenvolverme todos los días.

Dichas situaciones muy probablemente nos serán familiares a todos, pues de seguro más de una vez las hemos presenciado, nos han ocurrido a nosotros mismos o a nuestros amigos, o incluso hemos sido los autores intelectuales y ejecutores de fechorías urbanas que permanecen impunes y están presentes en recuerdos y anécdotas que se cuentan regadas por una o dos birritas en reuniones sociales.

Por último, si buscan en este blog mensajes del autor para reflexionar acerca de lo que puede hacerse para resolver los problemas de nuestra ciudad, una herramienta para crear conciencia ciudadana, o una guía para saber como ser un buen ciudadano le recomiendo entonces que continúe con su búsqueda en otros lugares de nuestro amplia red, pues no es esa la intención de este espacio. Si usted utiliza los relatos presentados en esta página, que prometo que serán 100% objetivos y se limitarán a ser descripciones de situaciones observadas por mi persona, salvo que indique lo contrario, para generar conciencia en usted y su prójimo, mejorar su vida o cambiar la vida de otros o para dejar de PATEAR a nuestra urbe y sus habitantes y que todo esto contribuya a tener una mejor ciudad, no tendré más que decir y escribiré relatos donde los protagonistas no serán los PATEADORES de Caracas.