Esta primera entrada es sumamente especial, en primer lugar porque es la primera, y en segundo lugar porque el episodio que narraré a continuación fue el que despertó en mí la inquietud de generar este espacio.
El día martes 20 de abril después de salir de mi trabajo aproveché la oportunidad de poder tomar un aventón hasta Plaza Venezuela, para posteriormente desde allí abordar un autobús que me llevaría hasta mi casa.
Al llegar a Plaza Venezuela a las 5 en punto de la tarde, la cola para tomar el bus que me correspondía pasaba de unas 120 personas según mis cálculos. Mi preocupación no era la cantidad de gente sino la amenaza de lluvia que traía el cada vez más gris cielo de Caracas.
Por supuesto que, como ya podrá adivinar el lector, cuando la lluvia comenzó yo me encontraba aún detrás de unas 60 o 70 personas en la fila que hacía. En ese momento, aprovechando lo oportuno del mercado informal local, adquirí un paraguas y con él pude cubrirme algo del aguacero, que era de intensidad moderadamente fuerte.
Hasta este momento, el relato parece ser el de cualquiera de las personas que se encontraba en esa cola, y justo en este punto es cuando empieza a diferenciarse.
Con menos de un minuto debajo de mi nuevo paraguas una señora que se encontraba detrás de mí en la fila, sin previa advertencia, sin dirigirme la palabra o siquiera mirada alguna se “acomodó” junto a mí debajo del paraguas.
Al percatarme de la situación, y probablemente ante mi expresión que debe haber sido una mezcla entre sorpresa, indignación e intriga la susodicha decidió concederme el honor de dirigirme la palabra para sencillamente decirme:
“Hay que aprovechá…”
No podría describir cuáles fueron los sentimientos que me inundaron la boca del estómago en ese instante, y por supuesto me limité a castigarla con un despectivo silencio.
Quizá la mala vibra que emanaba de mi persona o el hecho de que resbalaba mucha agua por el borde del paraguas suscitó que mi vecina abandonara su refugio para volver a ocupar su lugar en la fila para soportar estoicamente el aguacero.
La lluvia fuerte se mantuvo entre 10 y 12 minutos, tiempo por demás de sobra para generar suficiente caos en Plaza Venezuela y descomponer el tráfico de toda la ciudad. Cuando eran las 5 y 45 de la tarde, recibo una llamada que me resuelve el asunto del transporte hasta mi casa, mas sin embargo debo moverme de mi ubicación y trasladarme hasta la parada de autobuses que se encuentra en la autopista a la altura de Plaza Venezuela, en sentido centro.
Contemplar la autopista a esa hora de la tarde es una experiencia absolutamente nutritiva, pues deja en evidencia la inmensa creatividad del caraqueño al momento de “conducir” sus vehículos y también su espíritu deportivo, pues sin lugar a dudas muchos compiten en las categorías: “Quién infringe más leyes en un solo recorrido”, “Quién logra generar mayor cantidad de cola deteniéndose en la autopista” y por supuesto, el favorito de todos que es el famoso concurso “Demuestre que usted carece de sentido común”.
En el período de tiempo que estuve allí pude observar cómo a medida que las vías van colapsando los conductores comienzan a tornarse más intrépidos. La salida de la UCV hacia la autopista en sentido centro se convierte convenientemente en un acceso a Plaza Venezuela que no tiene cola. La parada de autobuses se muda al canal rápido de la autopista, pues a ninguno de los conductores al parecer le satisface estacionar su autobús dentro de ese espacio destinado a ello. Por supuesto, en el momento que tenga la oportunidad me trasladaré a cualquier otro punto de la ciudad, para poder observar que tipo de estragos realizan nuestros queridos ciudadanos en pro de seguir pateando el tráfico de la ciudad caraqueña.

Me gustan tus crónicas pateando calle, me recuerdan muchas experiencias similares que he vivido como "ciudadana de a pie". No sé por qué me imagino a la intrusa en tu paraguas con una sonrisita en la cara diciendo "Hay que aprovechá"... Ughh ¡la "viveza" criolla nos carcome!
ResponderEliminarQué ganas, Raúl!!! Seguro la viejita se murió de neumonía a la semana siguiente.
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